El Pájaro Picón

SE ACABA EL SUEÑO MUNDIALISTA PARA LA SELECTA

La Selecta perdió su tercer partido en casa, esta vez ante Guatemala. Y con eso, quedó prácticamente eliminada del Mundial 2026.


Por Fernando Suncin

La Selecta cerró el pasado martes sus partidos en casa en la ronda final rumbo al Mundial 2026 con una derrota 0-1 ante Guatemala, la tercera consecutiva en durante estas eliminatorias. Un golpe más en el Coloso de Montserrat, que últimamente se ha vuelto un escenario pesado, silencioso y desesperado cuando los resultados no acompañan.

El Salvador intentó desde el arranque tomar el control, adelantar líneas y jugar en campo rival. En medio del desorden, parecía tener más intención que su oponente, un cuadro guatemalteco que apostó por ganar segundas pelotas y por el juego directo, sin demasiada claridad al frente. Aun así, la falta de contundencia de la Selecta volvió a pasar factura.

Brayan Gil fue la referencia ofensiva, aunque muy marcado; y cuando el equipo entendió que el pelotazo largo le facilitaba el trabajo a los centrales chapines, empezó a tocar más y buscar amplitud con Nathan Ordaz y Joshua Pérez, los dos jugadores más desequilibrantes del conjunto nacional. Ordaz, de hecho, tuvo las más claras: un disparo apenas iniciado el partido y otro al minuto 10 que obligó a Hagen a salvar su arco.

Con Valladares y Jairo Henríquez aportando por las bandas, la Selecta generó peligro, pero volvió a quedarse corta en la última jugada. Un patrón repetido. Un equipo que domina sin gol, que propone sin profundidad.

Y mientras tanto, el Cuscatlán, ese gigante que alguna vez rugió con cada ataque, parece haberse quedado sin voz. Se impacienta rápido, calla pronto, y solo rompe su silencio cuando el marcador invita a la ilusión. Sin embargo, la afición sigue ahí: responde, llena, acompaña. Porque el salvadoreño no deja de creer, aunque el equipo todavía no encuentre el camino.

En los minutos finales, Guatemala no fue superior, pero sí más inteligente. Supo manejar los tiempos, enfriar el partido y aprovechar la desesperación de una Selecta que volvió a desdibujarse. Los chapines, con oficio, entendieron mejor el momento: no necesitaron brillar para llevarse el resultado, solo aplicar lo aprendido bajo la mano de un técnico con recorrido.

El hecho de que, a seis meses de su nombramiento, Gómez sólo tenga un puñado de partidos dirigidos no le da mucho margen para estabilizar conceptos ni modelo de juego rígido. Ya él mismo ha señalado que Guatemala lleva años de proceso mientras que El Salvador apenas empieza, lo cual le resta consistencia frente a selecciones más consolidadas.

Los resultados encontrados muestran que el equipo ha ganado pocos partidos (2 de 7 según los registros hallados). Lo que evidencia que el problema no es del técnico, sino estructural: falta de soltura ofensiva, dificultades para cerrar partidos, poca profundidad y carencias tácticas que no se pueden subsanar de la noche a la mañana.

Y es ahí donde se marcan las diferencias. Mientras Guatemala consolida una idea, la Selecta continúa buscando respuestas. Falta continuidad, trabajo de base y claridad en el modelo de juego. Tres derrotas en casa —nueve puntos perdidos en el Cuscatlán— reflejan que el problema va más allá del resultado: es estructural, de planificación y de identidad futbolística.

El empate 1-1 entre Panamá y Surinam mantiene, en lo matemático, una leve esperanza, pero en lo futbolístico la eliminación parece inevitable. Cuatro años más sin Mundial, otra vez la misma historia, y un Cuscatlán que dejó de ser mítico y posiblemente un último recuerdo de esta selección jugando su último partido de eliminatorias mundialistas en el coloso de Monserrat.

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